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26-J: Nueva oportunidad. Un cambio real que sólo puede hacerse desde la izquierda y que será apoyado por amplios sectores de las clases medias que saben hoy que la persistencia de la política neoliberal defendida por la vieja y nueva derecha lleva a su destrucción.

2016.05.30 12:37 EDUARDOMOLINA 26-J: Nueva oportunidad. Un cambio real que sólo puede hacerse desde la izquierda y que será apoyado por amplios sectores de las clases medias que saben hoy que la persistencia de la política neoliberal defendida por la vieja y nueva derecha lleva a su destrucción.

Por Carlos Barra Galán
http://www.nuevatribuna.es/opinion/carlos-barra-galan/26-j-nueva-oportunidad/20160529093446128752.html
"Es un hecho, los españoles tenemos una cita con las urnas el próximo 26 de Junio en unas nuevas elecciones generales, como consecuencia de la imposibilidad de formar gobierno tras los pasados comicios del 20-D.
Conocido por la ciudadanía todo lo acontecido en estos meses y convocadas nuevas elecciones, creo oportuno efectuar una serie de consideraciones:
Frente a quienes pretenden que en la campaña que se avecina, el principal foco de debate se establezca sobre lo acontecido en el periodo transcurrido desde el 20 de diciembre, me parece oportuno recordar que siendo obvio que los electores tomarán en consideración las actuaciones de las distintas fuerzas políticas en este periodo, sin embargo no es razonable hacer caer en el olvido la propia esencia de un proceso de elecciones generales que sin duda alguna es enjuiciar la labor del Ejecutivo saliente, cuestión que el P.P y los sectores económicos y financieros que lo apoyan tratan de minimizar con el apoyo de los medios de comunicación afines.
Los resultados del 20-D mostraron de manera clara un rechazo mayoritario a la política del gobierno de Mariano Rajoy, que pese a ser la fuerza política más votada sufrió una caída en votos y escaños espectacular. Asimismo su absoluto aislamiento político se hizo patente, no consiguiendo el respaldo de ninguna fuerza parlamentaria como consecuencia lógica de su forma prepotente de ejercer el poder, despreciando reiteradamente a la oposición política y hurtando el necesario debate parlamentario que un sistema democrático exige.
Los españoles castigaron duramente la política antisocial del gobierno Rajoy que ha generado niveles de desigualdad jamás conocidos en nuestro país desde los años cincuenta del siglo pasado, con bolsas de pobreza que causan vergüenza(la última encuesta del INE cifra en 28.6% el porcentaje de españoles en riesgo de pobreza y exclusión social) ; una política que ha desmantelado y expoliado los servicios esenciales del Estado de Bienestar con procesos de privatizaciones no exentas de irregularidades y corruptelas, una política que ha destrozado las bases del derecho laboral otorgando a los empresarios una posición de absoluta preponderancia en la relación con sus asalariados. ES ESA ACCIÓN DE GOBIERNO LO QUE SE DEBE ENJUICIAR EN LA NUEVA CITA ELECTORAL DEL 26-J.
A pesar de todo lo dicho, es interesante recordar como prácticamente desde el momento en que se conocieron los resultados, responsables de entidades financieras y corporaciones de gran relieve así como grandes empresarios se lanzaron a vender las bondades de una Gran Coalición PP-PSOE donde podría integrarse la nueva derecha (C´s) en aras a salvar a España del desastre que, según ellos, supondría la llegada al poder de un gobierno desde la izquierda. En mi opinión no se contemplaba en esa propuesta lo mejor para una amplia mayoría social, sino más bien se pretendía seguir perpetuando unas políticas favorables a los intereses de los sectores privilegiados a quienes representan.
Mostraron también los resultados del 20-D una pérdida importante de apoyo electoral al Partido Socialista que por primera vez no era el partido hegemónico de la izquierda política como consecuencia de la irrupción de PODEMOS y las confluencias. Parece razonable pensar que ese resultado conlleve un análisis y reflexión profunda por parte de los máximos responsables de este partido; su larga historia, su importancia para el país y el respeto a sus militantes y votantes así lo exige.
La opinión publicada tras la imposibilidad de formar gobierno, parece mostrar de manera mayoritaria la existencia de una cierta sensación de frustración en la ciudadanía que podría comportar un mayor porcentaje de abstención en la próxima cita electoral de junio; respetando esta hipótesis trataré de explicar mi posición no del todo coincidente con ella:
El escenario que se configuró inmediatamente al resultado electoral era nuevo en nuestra historia democrática reciente y atendiendo a la aritmética parlamentaria muy complicado. La negativa del Sr. Rajoy como candidato de la fuerza política más votada a someterse a la sesión de investidura, lo complicó aún más, impidiendo un debate de investidura que hubiera sido enriquecedor pues hubiera permitido conocer las medidas concretas de su programa de gobierno y sobre todo el posicionamiento de las restantes fuerzas políticas respecto a los temas más importantes que nuestro país tiene que resolver de manera urgente; un debate de investidura que posiblemente hubiera clarificado que acuerdos eran posibles y las fuerzas políticas que podían materializarlos. Esa sesión de investidura del candidato más votado no se produjo y en mi opinión ello complicó más el escenario para un candidato alternativo, como así ocurrió con el loable y fallido intento del candidato socialista Sr. Sánchez.
Los resultados del 20-D parecían en principio favorecer mejor un entendimiento entre las formaciones que representaban el espacio de la izquierda( PSOE, PODEMOS e IU) cuyos programas electorales tenían un número considerable de coincidencias, sumaban un número muy importantes de escaños y no concitaban el rechazo de la mayoría de restantes formaciones políticas parlamentarias, más ello no fue posible; en mi opinión ese entendimiento, deseado por una amplia mayoría de los votantes a esas formaciones, debe hacerse posible en la nueva cita electoral del 26-J; el reciente acuerdo entre PODEMOS e IU para formar coalición electoral puede facilitar ese entendimiento y superando errores cometidos posibilitar un Gobierno para el cambio real desde la izquierda.
Recordando lo publicado en los días anteriores y posteriores al 20-D, recuperando memoria sobre las declaraciones de responsables de entidades financieras muy importantes así como empresarios de gran relevancia, parecía que la posibilidad de que la izquierda (incluyendo a PODEMOS) pudiese formar gobierno significaba una catástrofe de tal nivel que España se despeñaría al abismo. Nada nuevo, se trataba del discurso del miedo siempre utilizado por los poderes económico- financieros de nuestro país que históricamente impidieron que España pudiese confluir en desarrollo y calidad democrática con los países de nuestro entorno; discurso del miedo que ya ha comenzado con vistas a la futura cita electoral y al que ya se ha apuntado la nueva derecha representada por C´s (Ciudadanos). Esas manifestaciones realizadas por cualificadas voces de los sectores más poderosos del país, alguno de ellos corresponsables de la generación de la crisis y sus graves consecuencias para una mayoría social , pretendían por un lado generar miedo en la ciudadanía y por otro condicionar y presionar a las formaciones políticas que podían determinar con su posición un cambio político real desde la izquierda, en concreto al PSOE; hasta que punto consiguieron su propósito es una cuestión a valorar. En mi opinión poco efecto tuvo entre la ciudadanía que votó en un alto porcentaje y a tenor de los resultados, sin miedo a ningún demonio inventado ( a este respecto recordar que en tiempos pasados ese demonio era el PSOE).Si estas presiones influenciaron o no, las decisiones que tomó la dirección socialista es una cuestión que no conozco, más ello no me impide indicar que las decisiones tomadas posteriormente no ayudaban al acuerdo con las formaciones políticas que podían garantizar superar la investidura y consecuentemente formar gobierno. El acuerdo con C´s para la formación de la mesa del Congreso y sobre todo el acuerdo de investidura firmado con la nueva derecha (C´s) hacía prácticamente imposible sumar fuerzas suficientes para investir al Sr. Sánchez, abocando por tanto a nuevas elecciones, como así ocurrió . Si a ello añadimos que, PODEMOS cometió un error grave en relación a la puesta en escena de su ofrecimiento de gobierno de coalición al PSOE y que la nueva derecha (C´s),cuya representación parlamentaria no era determinante para poder garantizar una investidura y la formación de un gobierno, supo aprovechar muy bien el protagonismo que se le regaló vetando la presencia de Podemos en cualquier gobierno que pudiese constituirse, lo que convertía su acuerdo con el PSOE en un instrumento inservible para lograr apoyos y sólo válido para sus intereses partidistas, consistentes en presentarse ante el electorado como una fuerza aparentemente capaz de dialogar con todos, eso sí imponiendo vetos a una formación política que le superaba ampliamente en apoyo electoral, mostrando ya cual iba a ser su estrategia futura, recurrir al viejo fantasma del miedo al comunismo al más puro estilo de una rancia y vieja forma de hacer política. El reciente viaje de su líder Sr. Rivera a Venezuela, de claro corte electoralista y exento de cualquier intento de mediación para ayudar a mejorar la situación política en ese país, y sin embargo repleto de referencias a la política española y ataques a Podemos, así lo atestigua.
Conseguir acuerdos es bueno en cualquier faceta de la vida social y quizá con más sentido en la vida política; más no conseguirlos en un momento concreto no determina en absoluto no puedan producirse posteriormente. En mi opinión estos días de precampaña electoral cara al 26-J han mostrado ya algún ejemplo que puede ayudar a no repetir errores: ante la propuesta realizada por el candidato socialista, Sr. Sánchez, consistente en la posible implantación de un impuesto especifico para garantizar nuestro sistema público de pensiones, toda la derecha( P.P y C´s) ha manifestado su desacuerdo; por el contrario la coalición Podemos- Iu- Equo ha manifestado su interés y acuerdo con la misma. Esta clarificación de posiciones en temas de tanta trascendencia, facilita vislumbrar que tipo de acuerdos serán posibles y que fuerzas políticas podrán concretarlos. Parece lógico que el P.P no comparta la propuesta del Sr. Sánchez toda vez que su gobierno ha saqueado la hucha de las pensiones , ha eliminado el mantenimiento del poder adquisitivo de las mismas y ha inducido a la ciudadanía a que se provean de planes privados de pensiones( quienes puedan obviamente, en ningún caso quienes tengan salarios de miseria que hoy por desgracia son muchos españoles) y C´s no parece estar en posición distinta a la del Partido Popular. Este tema tan trascendental, las pensiones públicas, ha mostrado ya quienes representan modelos sociales muy diferentes y por ello intentar acuerdos imposibles no es el camino para poder conformar un cambio real y necesario en nuestro país.
En mi opinión, no hablaría tanto de fracaso sino de situación nueva y complicada, donde hubo errores graves de la mayoría de actores políticos. Nada dramático por cierto, quizá positivo incluso, si todos, fuerzas políticas y ciudadanos somos capaces de reflexionar buscando lo mejor para una amplia mayoría social.
En relación a la opinión publicada mayoritaria, sosteniendo que la falta de acuerdo y en consecuencia la obligada repetición de elecciones pueda comportar un mayor nivel de abstención, es innegable que ese hecho puede producirse más en mi opinión no necesariamente, y me lleva a pensarlo mi creencia en la madurez de los españoles que hoy conocen más hechos que podrían incitar aún más, su disposición a ir a las urnas:
Los españoles saben hoy que la política antisocial del gobierno del Sr. Rajoy no ha servido ni siquiera para conseguir su sacrosanto objetivo de reducir el déficit tal y como le exigía la troika. Sistemáticamente el gobierno del P.P ha incumplido el objetivo de déficit marcado por Bruselas que en consecuencia impone se realicen más recortes que afectarían a los servicios esenciales (sanidad, educación, dependencia); es decir la salvaje austeridad impuesta a las clases media y trabajadora sólo ha servido para generar sufrimiento y desigualdad; conocen también que la deuda pública de nuestro país supera el 100% del PIB cosa que no ocurría desde comienzos del siglo pasado. Saben también los españoles que un ministro en funciones ha tenido que dimitir por operar en paraísos fiscales, han conocido asimismo que la esposa del exministro y actual comisario europeo ,Sr. Arias Cañete, se acogió a la amnistía fiscal aprobada en un Consejo de Ministros donde él participó, aflorando cifras muy importantes de dinero, así como que ha aparecido en los Papeles de Panamá; asimismo han conocido los ciudadanos que la corrupción estructural del P.P en Valencia era aún más brutal y escandalosa de lo que ya se conocía, financiación ilegal y blanqueo de dinero son algunos de los graves delitos que se imputan a los populares valencianos, también conocen que al Sr. Cotino exdirector general de la policía y expresidente de las Cortes Valencianas se le imputan gravísimos delitos en relación con el viaje del anterior Papa a Valencia(asociación ilícita, malversación de caudales públicos, fraude en la Administración Pública, cohecho pasivo y prevaricación continuada). Asimismo los ciudadanos han asistido a la actuación de un gobierno en funciones negándose a rendir cuentas ante un Parlamento legalmente constituido, mostrando así su escaso talante democrático. Saben también que si el P.P sigue gobernando después del 26-J, seguirá aplicando la política austericida que nos ha llevado a ser uno de los países con más desigualdad y pobreza; a este respecto los ciudadanos han conocido gracias a los medios que el Sr. Rajoy ha remitido una carta al Presidente de la Comisión Europea, comunicándole que aplicará esos recortes después de las elecciones si sigue gobernando. Una vez más la ocultación y la mentira son señas de identidad del comportamiento político del candidato Rajoy.
Saben también los españoles que en la Comunidad de Madrid sigue gobernando el P.P , a pesar de estar enfangado hasta las cejas en casos de corrupción, con el otrora poderoso Sr Granados entre rejas, con sospechas fundadas e importantes sobre actuaciones del expresidente Sr. Ignacio González, con la Gürtel al completo, la trama Púnica extendida al estilo de la Cosa Nostra por una buena parte del territorio regional, y con la muy posible investigación (imputación) por corrupción política a un diputado regional del actual grupo parlamentario popular. Saben los madrileños que la Sra. Cifuentes es desde hace muchos años dirigente muy cualificada de ese Partido Popular y también tienen la certeza que sólo el apoyo de C´s ha impedido una existente alternativa real de cambio. Saben también los madrileños que tras un año del gobierno presidido por Cifuentes y apoyado por C´s , la televisión pública madrileña sigue siendo un instrumento propagandista en manos del P.P, la Sanidad pública madrileña sigue privatizada en un porcentaje elevado, las listas de espera son insoportables y se siguen nombrando gestores sanitarios a dedo. Saben también los madrileños que la actual Delegada del Gobierno en Madrid, Sra. Dancausa, tiene una forma muy peculiar de entender el derecho fundamental de libertad de expresión, quizá imbuida de los principios de la ley mordaza.
Una amplia mayoría de madrileños tienen la percepción de que nada ha cambiado y que el P.P madrileño, cuya gestora preside la Sra. Cifuentes, no toma ninguna iniciativa real contra la corrupción y sólo reacciona tarde y mal cuando la justicia o los medios afloran nuevos casos; también perciben los madrileños la ambigüedad y tolerancia de C´s ante estas situaciones, manteniendo su apoyo al Gobierno de Cifuentes.
Ante las nuevas elecciones , conocido todo lo anteriormente enumerado, se hace necesario que los partidos que apuestan por un cambio real que permita avanzar a mayores niveles de igualdad, participación y progreso, presenten programas electorales con propuestas claras, sin ambigüedades, que beneficien a la mayoría social castigada duramente con la excusa de la crisis. Si esta premisa se cumple, generando por tanto confianza en el electorado, parecería razonable preguntarse:
¿Es razonable esperar que unos ciudadanos responsables, puedan permitir que el P.P siga gobernando? ¿No sería lógico pensar en una afluencia masiva a las urnas para salir de una situación social que está enviando a la pobreza a la clase trabajadora y está destruyendo una parte importante de la clase media?¿ Va a ser posible una vez más, que el miedo impida a una mayoría ser protagonista activa del cambio económico, social y político que necesita?
En mi opinión, desde la confianza en la ciudadanía espero el próximo 26-J una alta participación; sin ignorar el razonable cansancio que puede producir tantas campañas electorales como las habidas en nuestro país en los últimos tiempos, creo sin embargo que los españoles en libertad garantizarán con su voto la posibilidad de realizar un cambio real que pasa por políticas absolutamente opuestas a las realizadas por el gobierno del P.P. Un cambio real que sólo puede hacerse desde la izquierda y que será apoyado por amplios sectores de las clases medias que saben hoy que la persistencia de la política neoliberal defendida por la vieja y nueva derecha lleva a su destrucción. Nos jugamos el porvenir de nuestras generaciones futuras, no podemos dimitir de este compromiso. NO PODEMOS FALLAR."
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2016.05.24 15:28 ShaunaDorothy Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista ¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria! (1 - 2) (Primavera de 2007)

https://archive.is/mnbfW
Espartaco No. 27 Primavera de 2007
Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista
¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria!
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard Nos. 874 y 875 (4 de agosto y 1º de septiembre de 2006), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Hace dos años, dos intelectuales estadounidenses de izquierda, Martin Hart-Landsberg y Paul Burkett, produjeron una severa y amplia condena a la economía china de la era de “reformas” desde una perspectiva supuestamente marxista. Su artículo, “China y el socialismo: Reformas de mercado y lucha de clases”, fue publicado originalmente en Monthly Review (julio-agosto de 2004) y subsecuentemente publicado como libro. En particular, los autores se dirigen a los intelectuales “progresistas” que consideran a China un modelo exitoso de desarrollo económico alternativo a las “reformas estructurales” del neoliberalismo, dictadas por el imperialismo estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, que han devastado a muchos países subdesarrollados. Hart-Landsberg y Burkett escriben: “No sólo discrepamos con los progresistas que ven en China un modelo de desarrollo (sea socialista o no); pensamos que el proceso por el cual llegaron a esta posición subraya un problema aún más serio: el rechazo general del marxismo por la comunidad progresista.”
Entre los “progresistas” con quienes discrepan está Victor Lippit, quien, con sus copensadores en Critical Asian Studies (37:3 [2005]), respondió con algunos estudios críticos de “China y el socialismo”. A su vez, Hart-Landsberg y Burkett escribieron una larga réplica (Critical Asian Studies 37:4 [2005]).
Lippit, un político liberal que por mucho tiempo ha estudiado la economía china, es básicamente un partidario del programa de “reformas” orientadas al mercado, aunque con algunas críticas de izquierda. Por ejemplo, lamenta el deterioro en los sistemas de salud pública, especialmente en el campo, como “vergonzoso”. Para él, el régimen de Beijing debería gastar muchos más recursos en el cuidado de la salud, la educación y el mejoramiento de las condiciones de la población rural, incluso a costa de la reducción, por corto tiempo, del crecimiento económico como se mide convencionalmente. No obstante, Lippit es definitivamente un optimista sobre China; cita un estudio de Goldman Sachs, un banco inversionista de Wall Street, que proyecta que el producto interno bruto de China habrá sobrepasado al de Estados Unidos para 2041.
A pesar de sus diferencias, Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro comparten ciertas premisas básicas. Todos mantienen equivocadamente que las “reformas” orientadas al mercado han tenido como resultado la restauración del capitalismo en China y además que esto era inevitable. Para Lippit, la modernización de China requiere una continuación e incluso una integración cada vez mayor al sistema capitalista mundial. Él sostiene que “el capitalismo tendrá que haber concluido su papel histórico antes de que éste pueda ser suplantado”, agregando que “el capitalismo de estado benefactor del tipo de la Europa continental puede ser lo mejor que puede hacerse en el presente”. Para Hart-Landsberg y Burkett, un programa socialista en China o donde sea —el cuál identifican con la fórmula confusionista de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”— debe tener poco o nada de comercio con los males corruptores del mercado capitalista mundial.
De manera más crucial, todos rechazan la posibilidad de revoluciones socialistas proletarias en los países capitalistas avanzados en cualquier periodo de tiempo históricamente significativo. Lippit lo hace explícitamente, Hart-Landsberg y Burkett implícitamente. Por tanto, la perspectiva trotskista de la modernización de China en el contexto de una economía socialista integrada y planificada a escala mundial está fuera de las fronteras conceptuales de estos protagonistas. Pero este marco, la antítesis del dogma nacionalista maoísta-estalinista de construir el “socialismo en un solo país”, es el único camino para la completa liberación de los trabajadores y las masas campesinas de China.
China hoy: Mitos y realidades
El gobernante Partido Comunista Chino (PCCh) bajo Deng Xiaoping introdujo su programa de reformas orientadas al mercado pocos años después de la muerte de Mao Zedong en 1976. Esto incluyó abrir a China a un enorme volumen de inversión directa de capital concentrado en la manufactura, que subsecuentemente atrajo, por parte de corporaciones occidentales y japonesas y de la burguesía China de ultramar. Los ideólogos burgueses convencionales han señalado el impresionante crecimiento económico de China, especialmente industrial, como prueba positiva de la superioridad de un sistema impulsado por el mercado sobre una economía centralmente planificada y colectivizada (despectivamente llamada “economía comandada” socialista). Por su parte, Lippit es representante de una capa de intelectuales de centro-izquierda que sostienen que China es un excelente ejemplo de una estrategia económica antineoliberal exitosa, basada en un nivel significativo de propiedad estatal y sobre todo en la dirección estatal de la economía.
Esta última perspectiva tiene el mérito de reconocer, a su manera, que los elementos centrales de la economía china, establecida después del derrocamiento del sistema capitalista con la Revolución de 1949, permanecen colectivizados. Las empresas estatales son dominantes en el sector estratégico industrial, tal como el acero, metales no ferrosos, maquinaria pesada, telecomunicaciones, energía eléctrica y refinación y extracción de petróleo. La nacionalización de la tierra ha impedido el surgimiento de una clase de capitalistas agrarios a gran escala que dominen socialmente al campo. El volumen de superávit económico generado fuera del sector de propiedad extranjera es canalizado tanto a los bancos estatales como a la tesorería gubernamental. El control efectivo del sistema financiero ha permitido hasta ahora al régimen de Beijing proteger a China de los movimientos volátiles del capital monetario especulativo que periódicamente causan grandes estragos en los países capitalistas neocoloniales desde el este de Asia hasta América Latina.
Ahora es un lugar común a través de todo el espectro político y geográfico, desde los voceros del régimen del PCCh hasta los analistas de Wall Street, proclamar que China ha avanzado mucho en el camino para convertirse en una “superpotencia” económica mundial hacia la mitad del siglo XXI. Esta perspectiva ignora la vulnerabilidad económica de China en sus relaciones con el mercado capitalista mundial. Ignora la implacable hostilidad de la burguesía imperialista, sobre todo de la clase gobernante estadounidense, hacia la República Popular China, un estado obrero burocráticamente deformado resultado de la Revolución de 1949. Es más, ignora la inestabilidad interna de la sociedad china, la cual ha visto un significativo y creciente nivel de protestas sociales contra las consecuencias del mal gobierno burocrático del PCCh.
En los últimos años, la estrategia económica seguida por el régimen del PCCh ha sido diseñada para lograr un enorme superávit en la balanza comercial con Estados Unidos, lo cual ha llevado a China a ser el más grande poseedor de reservas de divisas extranjeras en el mundo. Esto ha generado crecientes presiones por un proteccionismo económico antichino en los círculos gobernantes estadounidenses. En cualquier caso, tan solo el tamaño del déficit comercial con China será insostenible. Un mayor declive económico en Estados Unidos y/o medidas proteccionistas antiimportación significarían un severo golpe a la economía industrial china. Operaciones de propiedad extranjera y de propiedad conjunta y compañías privadas chinas, así como algunas empresas estatales cuya producción está orientada al mercado de exportación, serían forzadas a llevar a cabo grandes recortes de producción y despidos tanto de obreros industriales como de empleados de oficina. Esto tendría un fuerte efecto depresivo en toda la economía china.
Recientemente, China ha empezado a abrir parcialmente sus bancos a la propiedad extranjera. Si los banqueros de Wall Street, Frankfurt y Tokio adquieren un grado significativo de control sobre el sector financiero chino, los efectos económicos serán probablemente terribles. Algunas empresas estatales grandes con amplias deudas podrían ser forzadas a disminuir la producción y recortar las nóminas. Incluso podría haber un peligro real de una inesperada y masiva retirada de capital monetario, tal como la que provocó la crisis financiera y económica en el este asiático a finales de la década de 1990.
Según la opinión pública burguesa convencional, el capitalismo ya ha sido restaurado en China o está siendo rápida e irreversiblemente restaurado. Sin embargo, como fue el caso de la antigua Unión Soviética, la arena decisiva en la cual una contrarrevolución capitalista tendría que triunfar es al nivel político, en la conquista del poder estatal, no simplemente mediante una extensión cuantitativa del sector privado, ya sea doméstico o extranjero. A su propia manera, la burguesía imperialista, en especial la clase dominante estadounidense, entiende muy bien lo anterior. De ahí el abierto respaldo de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra hacia los partidos y fuerzas agresivamente anticomunistas en el enclave capitalista de Hong Kong, una antigua colonia británica que es la única parte de la República Popular China (excepto Macao) donde el PCCh no ejerce el monopolio del poder y organización políticos. Por ende, también los gobernantes de Estados Unidos insisten en la necesidad de una “liberación política” en China.
Aspirando a repetir la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, los imperialistas quieren promover una oposición política anticomunista en China, basada principalmente en la nueva clase de empresarios capitalistas y los elementos entre los funcionarios del PCCh y el estrato de gerentes-profesionistas-tecnócratas atados estrechamente al capital nacional y extranjero.
Al mismo tiempo, el imperialismo estadounidense ha estado incrementando la presión militar sobre China, construyendo bases en Asia Central, intentando rodear a China con instalaciones militares y estableciendo un pacto con Japón el año pasado para defender el bastión capitalista de Taiwán, cuya burguesía sostiene considerables inversiones en la China continental. El Pentágono está tratando de llevar a cabo una estrategia abiertamente anunciada por la pandilla de Bush en Washington para neutralizar el pequeño arsenal nuclear de China en caso de un primer ataque nuclear estadounidense. Como trotskistas, estamos por la defensa militar incondicional de China y los estados obreros burocráticamente deformados restantes —Corea del Norte, Vietnam y Cuba— ante un ataque imperialista y la contrarrevolución capitalista. En particular, apoyamos las pruebas y posesión de armas nucleares de China y Corea del Norte, como una medida disuasiva necesaria contra un chantaje nuclear imperialista.
A pesar y en parte debido a su rápido crecimiento económico y especialmente industrial, China ha llegado a ser una caldera hirviente de descontento popular. Un enorme y estratégicamente poderoso proletariado industrial enfrenta a una sociedad de absoluta y creciente inequidad y desigualdad. Como parte de sus reformas orientadas al mercado, el régimen estalinista de Beijing ha dejado sin recursos financieros al servicio de salud pública y la educación primaria, cuando, más que nunca antes, tales recursos están disponibles para solventar las necesidades básicas del pueblo trabajador chino. Han ocurrido extensas y continuas protestas obreras contra despidos en empresas estatales, por salarios, pensiones y otras prestaciones no pagadas, y abusos similares. Furiosas protestas de campesinos son muy comunes en el campo, y frecuentemente incluyen enfrentamientos violentos con la policía, contra la toma de tierras por parte de funcionarios locales del PCCh dedicados a la especulación inmobiliaria.
La burocracia gobernante está claramente dividida entre los elementos que quieren que las “reformas” económicas continúen sin perder intensidad, y los que quieren más intervención estatal para frenar los estragos de la mercantilización y, por lo tanto, contener el descontento, y otros que procuran regresar a la economía burocráticamente planificada. En algún punto, probablemente cuando los elementos burgueses de dentro y alrededor de la burocracia se movilicen para eliminar el poder político del PCCh, las múltiples tensiones sociales explosivas de la sociedad china harán estallar en pedazos la estructura política de la casta burocrática gobernante. Y cuando eso pase, el destino del país más poblado de la Tierra será planteado agudamente: ya sea por una revolución política proletaria que abra el camino al socialismo o el regreso a la esclavitud capitalista y la subyugación imperialista.
Nosotros estamos por una revolución política proletaria que barra con la opresiva y parasitaria burocracia estalinista y la remplace con un gobierno basado en consejos de obreros y campesinos democráticamente electos. Tal gobierno, bajo la dirección de un partido leninista-trotskista, restablecería una economía centralmente planificada y administrada —incluyendo el monopolio estatal del comercio exterior— no por el arbitrario “comandismo” de una casta burocrática excluyente (que ha producido desastres tales como el del “Gran Salto Adelante” de Mao a finales de los años 50), sino por la más amplia democracia proletaria. Este gobierno expropiaría a la recién surgida clase de empresarios capitalistas chinos y renegociaría los términos de la inversión extranjera según los intereses de la población obrera china, insistiendo, por ejemplo, en mantener las condiciones de los trabajadores por lo menos al mismo nivel que en el sector estatal. Un gobierno obrero revolucionario en China promovería la colectivización voluntaria de la agricultura sobre la base del cultivo mecanizado y científico a gran escala, reconociendo que esto requiere ayuda material sustancial de revoluciones obreras exitosas en los países económicamente más avanzados.
Una revolución política proletaria en China alzando la bandera del internacionalismo socialista sacudiría en verdad al mundo. Haría añicos el clima ideológico de la “muerte del comunismo” propagado por las clases gobernantes imperialistas desde la destrucción de la Unión Soviética. Radicalizaría al proletariado de Japón, la fuerza industrial y el amo imperialista del este asiático. Provocaría una lucha por la reunificación revolucionaria de Corea —mediante una revolución política en la asediada Corea del Norte y una revolución socialista en la Corea del Sur capitalista— y reverberaría entre las masas del sur de Asia, Indonesia y las Filipinas, subyugadas por la austeridad imperialista. Sólo mediante el derrocamiento del dominio de la clase capitalista internacionalmente, particularmente en los centros imperialistas de América del Norte, Europa Occidental y Japón, puede conseguirse la completa modernización de China como parte de un Asia socialista. Es con el fin de proporcionar la dirección necesaria del proletariado en estas luchas que la Liga Comunista Internacional lucha por reforjar la IV Internacional de Trotsky, el partido mundial de la revolución socialista.
El desarrollo económico y la perspectiva mundial comunista
La diferencia entre Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro no es fundamentalmente sobre una evaluación empírica de las condiciones socioeconómicas cambiantes en China durante el pasado cuarto de siglo de la era de “reformas”. Por supuesto que tienen diferencias importantes al respecto —por ejemplo, sobre en qué medida cuantitativa se ha superado la pobreza—. Pero lo que básicamente separa a Hart-Landsberg y Burkett de Lippit es lo que podría nombrarse una jerarquía de valores diferente. Los primeros elevan los antiguos valores de igualdad y comunalidad por encima de la expansión de las fuerzas productivas, ignorando que esto último es una condición necesaria para la liberación de la mayoría de la humanidad de la escasez y el trabajo penoso. Así, argumentan en su réplica: “El éxito de China según los criterios de desarrollo estándares (crecimiento económico, afluencias de inversión extranjera directa y exportaciones), lejos de crear las condiciones para el éxito real o potencial en lo referente al bienestar humano, pudo haber minado, en cambio, las condiciones del desarrollo humano para la mayoría de la población trabajadora china.”
No menos que Lippit, o incluso que los partidarios del neoliberalismo, Hart-Landsberg y Burkett creen que el capitalismo en su presente forma “globalizada” se ve forzado a maximizar el crecimiento económico medido a través del incremento de los bienes y servicios. Esto es directamente contrario al entendimiento marxista de que el modo de producción capitalista y el sistema estado-nación, los cuales están enraizados en el impulso por la acumulación privada de ganancias, detienen el desarrollo progresista de las fuerzas productivas a escala mundial. Un ejemplo es el profundo y creciente empobrecimiento de las masas del África semicolonial, América Latina y partes de Asia.
Escribiendo a principios de los años 30 en el contexto de la depresión económica mundial y el resurgimiento de las rivalidades interimperialistas que pronto llevaron a la Segunda Guerra Mundial, León Trotsky explicó:
“El capitalismo se ha sobrevivido a sí mismo como sistema mundial. Ha dejado de cumplir su misión esencial, el incremento del poder y el bienestar humano. La humanidad no puede permanecer en el nivel que ha alcanzado. Sólo un poderoso incremento en las fuerzas productivas y una organización de la producción y la distribución racional y planificada, esto es, socialista, puede asegurar a la humanidad —a toda la humanidad— un nivel de vida decente y al mismo tiempo darle el precioso sentimiento de libertad con respecto a su propia economía. Libertad en dos sentidos —primero que nada, el hombre no estará más obligado a dedicar la mayor parte de su vida al trabajo físico. Segundo, ya no será más dependiente de las leyes del mercado…
“La tecnología liberó al hombre de la tiranía de los viejos elementos —tierra, agua, fuego y aire— sólo para sujetarlo a su propia tiranía. El hombre dejó de ser un esclavo de la naturaleza para convertirse en un esclavo de la máquina, y todavía peor, un esclavo de la oferta y la demanda. La actual crisis mundial testifica de manera especialmente trágica cómo el hombre, que se sumerge al fondo del océano, que se eleva a la estratosfera, que conversa a través de ondas invisibles con las antípodas, cómo este orgulloso y osado gobernante de la naturaleza permanece siendo esclavo de las fuerzas ciegas de su propia economía. La tarea histórica de nuestra época consiste en remplazar el incontrolable papel del mercado por la planeación razonable, disciplinando las fuerzas de la producción, obligándolas a trabajar juntas en armonía y obedientemente para servir a las necesidades de la humanidad. Sólo sobre esta nueva base social el hombre será capaz de estirar sus cansados miembros y —todo hombre y toda mujer, no sólo unos pocos seleccionados— convertirse en un ciudadano completo en el reino del pensamiento.”
—“En defensa de la Revolución Rusa” (1932), reimpreso en Leon Trotsky Speaks [Discursos de León Trotsky] (1972)
Esta genuina visión marxista del futuro es completamente ajena al pensamiento de Hart-Landsberg y Burkett.
Panaceas anarco-populistas...
Lo que Hart-Landsberg y Burkett contraponen al neoliberalismo es la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”. Tanto el término como el concepto son totalmente ajenos al marxismo. “Comunidad” es un término convencional burgués que sirve para oscurecer las divisiones de clase y los conflictos de intereses en la sociedad. Aplicada en particular a China, la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” oscurece la diferencia de clases entre los trabajadores y los campesinos. El último es un estrato pequeñoburgués cuyos ingresos se derivan de la propiedad y venta de bienes. Los campesinos tienen un interés material en que los productos comestibles y otros productos agrícolas que ellos venden tengan precios altos en comparación con los precios de los bienes manufacturados que deben comprar tanto para la producción (por ejemplo, fertilizantes químicos, equipo de cultivo) como para el consumo personal. Además, el interés de los campesinos por los precios altos en los productos comestibles no es eliminado mediante la transformación de las parcelas familiares en colectivos agrícolas. El ingreso para los miembros de los colectivos sigue dependiendo en gran medida de los precios que reciben al vender su producción, ya sea a una agencia gubernamental de aprovisionamiento o en el mercado privado.
A pesar de declararse marxistas, la perspectiva de Hart-Landsberg y Burkett equivale a una forma de anarco-populismo. Su noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” tiene una afinidad con el clásico programa de una federación de comunas políticamente autónomas y en gran medida económicamente autosuficientes asociado con el aventurero anarquista Mijaíl Bakunin en el siglo XIX. Esto puede observarse en la naturaleza de su crítica a la economía china durante la era de Mao, al sostener que la sobrecentralización de la economía fue ineficiente y, de manera más importante, al identificar implícitamente una economía centralmente planificada con control político autoritario:
“La planificación económica se había vuelto sobrecentralizada y, conforme la economía se volvía más compleja, incapaz de responder efectiva y eficientemente a las necesidades de la gente...
“Había una necesidad crítica de construir sobre la solidez de los logros obtenidos por China en el pasado y de conferir poder a los obreros y campesinos para crear nuevas estructuras de toma de decisión y planificación. Entre otras cosas, esto implicaba una reestructuración y descentralización de la economía y de la toma de decisiones por parte del estado para aumentar el control directo de los productores asociados sobre las condiciones y productos de su trabajo.”
Hart-Landsberg y Burkett condenan las crecientes desigualdades generadas por el programa de “reformas” orientadas al mercado. No obstante, lograr un nivel uniforme de salarios y prestaciones en todas las diferentes empresas, industrias y regiones necesariamente requiere una economía centralmente administrada. Solamente un sistema así es capaz de redistribuir los recursos económicos de las empresas, industrias y regiones más productivas hacia las menos productivas.
En las aproximadamente 150 páginas de “China y el socialismo” y la réplica a Lippit y otros, Hart-Landsberg y Burkett no explican cómo una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” funcionaría en los hechos. La mayor parte del tiempo usan esa formulación como un mantra para espantar a los males del neoliberalismo. En algún momento dan como un ejemplo hipotético “la creación de un sistema nacional de salud”, explicando que:
“esto requeriría desarrollar una industria de la construcción para edificar clínicas y hospitales, una industria farmacéutica para tratar enfermedades, una industria de máquinas-herramientas para hacer equipo, una industria de programas de computación para llevar un registro y un sistema educativo para entrenar doctores y enfermeras, etc., todo determinado por el desarrollo de las necesidades y capacidades de la población a los niveles local, nacional y regional.”
En ningún lugar mencionan las instituciones políticas y mecanismos económicos estructurales necesarios para lograr esta loable tarea. ¿Cómo se determinaría la fracción del total de recursos económicos disponibles a gastar en el sistema de salud, y no en otras necesidades tales como la inversión en la expansión industrial y la infraestructura, defensa militar, educación, pensiones, etc.? La coordinación de actividades económicas diferentes (por ejemplo construcción, equipo médico, programas de computación) para desarrollar el sistema de salud requeriría una planificación y administración centralizada. Tal sistema es totalmente compatible con la participación democrática activa de los trabajadores en el lugar de producción, por ejemplo, aconsejando sobre el mejor uso de la tecnología, estableciendo y reforzando estándares seguros, manteniendo una disciplina laboral y cosas por el estilo. La división del total de los recursos económicos entre necesidades contendientes debería ser debatida y decidida en el nivel más alto de un gobierno basado en la democracia proletaria, es decir, un gobierno de consejos obreros y campesinos. La democracia proletaria es esencial para el funcionamiento racional de una economía planificada.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/china.html
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